La historia de la primera estatua del Che Guevara, erigida en Chile, es tanto fascinante como trágica. Inaugurada en 1970 en el barrio de San Miguel en Santiago, esta estatua de bronce, la primera de su tipo en el mundo, fue un símbolo de la influencia del guerrillero argentino en la región. Sin embargo, la estatua tuvo una vida breve y turbulenta. Solo cinco días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende, el 16 de septiembre de 1973, la imponente figura fue derribada en una noche de caos.
El estruendo de la caída despertó a los residentes del área, quienes fueron testigos del acto que marcó el final de un monumento que había sido celebrado con gran entusiasmo. Pocos registros documentan el suceso, pero algunas imágenes muestran un camión militar transportando los restos del homenaje a Guevara. Desde entonces, la estatua ha permanecido desaparecida durante más de cinco décadas.
En su reciente obra «Revolución», el periodista y escritor chileno Juan Pablo Meneses explora en profundidad la enigmática historia de esta estatua. Meneses revela cómo la estatua, a pesar de su monumental tamaño y el fervor con que fue recibida, sufrió ataques y vandalismo a lo largo de su breve existencia. En una entrevista con BBC Mundo, Meneses expresa su asombro por la falta de información sobre el paradero de la estatua: «Es increíble que algo tan grande y significativo haya desaparecido sin que nadie, ni del ámbito político ni artístico, haya denunciado su pérdida».
Meneses comenzó a investigar la historia de la estatua tras escuchar relatos dispersos sobre su existencia. A pesar de la falta de documentación, descubrió detalles significativos, como el hecho de que la estatua fue un esfuerzo personal del partido Socialista para honrar al Che Guevara en un contexto internacional. Además, el escritor destaca que Fidel Castro visitó la estatua poco después de su inauguración, y Pablo Neruda organizó una colecta para reparar los daños después de que la estatua fuera decapitada.
La estatua de Guevara, que medía casi diez metros de altura incluyendo su base, fue diseñada para ser un lugar de peregrinación. Representaba al Che en una postura de resistencia, colgado de un fusil en una pose que evocaba la resistencia más que la veneración tradicional. Meneses relata cómo el proyecto se mantuvo en secreto durante su construcción y fue ocultado en la Municipalidad de San Miguel hasta su inauguración. La intención era crear un área dedicada al Guevarismo, con la estatua compitiendo en relevancia con los símbolos religiosos tradicionales.
Meneses también compara la historia de la estatua con el contexto político de Chile. La estatua fue levantada y destruida en paralelo a la vida del gobierno de Allende, simbolizando la efervescencia revolucionaria de la época y el impacto del golpe de Pinochet. Según Meneses, la estatua y su destrucción encapsulan el conflicto ideológico y la violencia de esos años turbulentos.
El autor destaca cómo su libro aborda la memoria histórica y el olvido. Al explorar cómo la estatua y sus creadores, Tito Palestro y el escultor Praxíteles Vázquez, fueron arrastrados al olvido, Meneses hace un llamado a rescatar estas historias. La estatua del Che Guevara de San Miguel, al igual que sus creadores, ha sido olvidada en gran medida, y Meneses considera que su libro es un esfuerzo por recordar y dar visibilidad a estos personajes y eventos.
A pesar de las teorías sobre su destrucción o su posible localización en una bodega militar, Meneses concluye que el destino de la estatua sigue siendo incierto. El autor considera que su libro ha cumplido con su propósito de revivir esta historia y no continuará buscando la estatua en sí. La búsqueda de la estatua del Che Guevara continúa siendo un enigma en la historia reciente de Chile.

