“Me dan ganas de gastármelo, pero tengo deudas”. La frase resume el dilema que enfrentan varios jóvenes ecuatorianos que este mes recibirán por primera vez el decimocuarto sueldo, una bonificación obligatoria para trabajadores bajo relación de dependencia en Ecuador.
Samantha Domínguez, de 23 años, planea ahorrar los $ 482 que recibirá para, eventualmente, comprarse un auto. Aunque reconoce que a veces piensa en gastar el dinero, asegura que prioriza su meta. “Luego viajo en Metrovía y se me pasa”, comenta, reflejando cómo el transporte diario le recuerda su objetivo.
En Ecuador, el decimotercer y decimocuarto sueldo están establecidos en el artículo 113 del Código del Trabajo. El primero se paga en diciembre, mientras que el segundo se cancela hasta el 15 de marzo en la Costa y Galápagos, y en agosto en la Sierra y Amazonía. Sin embargo, la informalidad laboral limita el acceso a estas bonificaciones.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 35,4 % de los desempleados tiene entre 15 y 24 años, lo que evidencia las dificultades de inserción laboral juvenil. Además, solo 3′085.781 de las 8′142.909 personas con empleo en el país cuentan con trabajo adecuado.
¿Ahorrar o gastar el décimo?
Christian Morán, experto en finanzas y docente de la Universidad Espíritu Santo, explica que el propósito original del decimocuarto sueldo es apoyar los gastos escolares. No obstante, en la práctica funciona como un alivio financiero general, especialmente para jóvenes que buscan pagar estudios, cubrir deudas o iniciar un plan de ahorro.
Hannah Frydson, de 21 años, destinará su bonificación al proceso de titulación universitaria. “Obviamente me dan ganas de gastármelo, pero meto ese dinero en una cuenta blindada”, afirma. Para ella, tener un objetivo claro es clave para no desviar el dinero hacia gastos innecesarios.
Morán insiste en que definir una meta concreta antes de recibir el décimo es fundamental. “Si no tienes un objetivo, el dinero se hace de bolsillo y se va en gastos superfluos”, advierte. Entre las alternativas para hacerlo rendir menciona cuentas de ahorro, certificados de depósito a plazo o pólizas de acumulación.
No todos optan por ahorrar. Julio Rivera, de 26 años, comprometió su décimo tercer sueldo para comprar pasajes a Argentina y planea usar el decimocuarto para conocer Buenos Aires. Aunque admite que puede parecer “irresponsable”, considera que también es válido disfrutar parte de sus ingresos.
En contraste, María Andrea Mendoza, de 22 años, utilizará su bonificación para terminar de pagar la universidad, deuda que financió con tarjeta de crédito y que le generó intereses. “Es mi primer décimo. Voy a pagar un poco de deudas que tengo”, señala.
Para la economista Katherine Lindao, priorizar pagos urgentes o inversiones en educación es una decisión financieramente saludable, especialmente si ya se cuenta con un fondo de emergencias. Recomienda, además, que cualquier inversión se realice en entidades reguladas y avaladas por el Estado.
Así, entre el impulso de gastarlo y la presión de las deudas, el primer decimocuarto sueldo para muchos jóvenes no representa solo un ingreso adicional, sino una decisión financiera que puede marcar el inicio —o el desorden— de su planificación económica futura.

