El ministro del Interior, John Reimberg, declaró este lunes 20 de octubre de 2025 que el diálogo con los líderes indígenas de Imbabura ha fracasado, y que cualquier consecuencia futura recaerá sobre ellos. La ruptura ocurre en medio de protestas sociales que ya cumplen un mes y que han generado tensión en la provincia norteña.
Según Reimberg, el Gobierno cumplió con los compromisos establecidos durante las mesas de negociación, mientras que los representantes indígenas no respetaron los acuerdos pactados. “Hubo un diálogo, pedían un diálogo, estuvimos presentes como Gobierno y llegamos a acuerdos. Nosotros cumplimos; ellos no. Ellos cerraron las puertas al diálogo y no comprendieron la importancia de lo que estábamos haciendo para ambas partes”, enfatizó el ministro.
El Ministerio de Gobierno había emitido un comunicado la noche del domingo 19 de octubre, señalando que las condiciones para continuar el diálogo no existían, ya que los indígenas no cumplieron su parte. Entre los puntos incumplidos se encontraban la apertura de vías de tránsito bloqueadas y la liberación de los detenidos en Otavalo, así como la desmilitarización de territorios.
“Ellos debieron haber abierto las vías, que era el primer punto de los acuerdos anunciados en rueda de prensa el pasado miércoles, y no lo hicieron. Nosotros cumplimos: la Policía no ha salido, los militares no han intervenido; accedimos a sus solicitudes, pero ellos no cumplieron”, reiteró Reimberg tras una reunión en Carondelet con el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, quien se encuentra de visita en Ecuador.
Por su parte, el movimiento indígena de Imbabura asegura que el régimen no cumplió su parte, especialmente en lo que respecta a la retirada de fuerzas de seguridad de los territorios y la liberación de los ciudadanos detenidos. Esta versión mantiene la tensión y la desconfianza entre las partes, complicando la posibilidad de nuevas negociaciones.
Sobre la posibilidad de dialogar con la Conaie o líderes de otras organizaciones indígenas, Reimberg fue claro: “No vamos a hablar directamente con nadie más; ya hablamos con ellos, llegamos a una mesa como Gobierno, establecimos acuerdos y estos no fueron respetados”.
La ruptura del diálogo evidencia un estancamiento en las negociaciones que buscaban poner fin a un conflicto social que ha tenido repercusiones en transporte, comercio y la vida cotidiana de las comunidades. Las autoridades enfatizan que la responsabilidad de los próximos pasos recae en los líderes indígenas, dejando abierta la posibilidad de mayores enfrentamientos o bloqueos.
Este episodio marca un nuevo capítulo en la relación entre el Gobierno central y los movimientos indígenas, en un contexto donde la desconfianza y los incumplimientos de acuerdos son factores determinantes para la escalada de conflictos sociales.

