En la madrugada del 13 de junio, Israel ejecutó una ofensiva aérea a gran escala sobre territorio iraní, atacando múltiples instalaciones militares y nucleares. La operación, que se desarrolló en distintas regiones del país persa, fue calificada por el gobierno iraní como una “declaración de guerra”, elevando al máximo las tensiones en el ya inestable panorama del Medio Oriente.
Según medios internacionales y fuentes militares, los bombardeos israelíes alcanzaron infraestructuras estratégicas vinculadas al programa nuclear iraní, además de bases de la Guardia Revolucionaria y posiciones de defensa antiaérea. Las ciudades de Isfahan, Natanz y Teherán registraron explosiones simultáneas que causaron pánico entre la población civil y movilización inmediata de fuerzas armadas.
Israel no ha emitido declaraciones oficiales hasta el momento, pero altos funcionarios de seguridad indicaron que se trató de una acción preventiva destinada a frenar el avance nuclear de Irán. De acuerdo con reportes no confirmados, al menos 200 aeronaves participaron en la operación, y también se habrían utilizado drones y misiles de precisión lanzados desde puntos no identificados.
Por su parte, Irán reaccionó lanzando más de 100 drones kamikaze en dirección a territorio israelí, muchos de los cuales fueron interceptados por el sistema defensivo Iron Dome. En un comunicado urgente, el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní acusó a Israel de violar flagrantemente la soberanía nacional y convocó al Consejo de Seguridad de la ONU a intervenir ante lo que denominó una “agresión sin justificación”.
El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, declaró que el país “responderá con toda su fuerza” y que los responsables del ataque “no quedarán impunes”. Mientras tanto, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirmó que algunas instalaciones nucleares en Natanz sufrieron daños, aunque aseguró que no se ha detectado fuga de material radiactivo.
Estados Unidos, aunque no participó directamente en la operación, expresó su respaldo a Israel y envió advertencias a Teherán para que no escale el conflicto. Funcionarios del Pentágono reiteraron que protegerán a sus aliados en la región si se ven amenazados por acciones militares iraníes.
Este ataque representa un punto de quiebre en una escalada que ya venía en aumento desde el asesinato del general Qassem Soleimani en 2020 y los recientes avances del programa nuclear iraní, que ha llegado a enriquecer uranio por encima del 60 %, muy cerca del umbral necesario para construir un arma nuclear. Israel ha advertido en repetidas ocasiones que no permitirá que Teherán se convierta en una potencia nuclear.
El conflicto podría extenderse a otros países de la región, como Siria y Líbano, donde operan milicias aliadas de Irán, incluyendo Hezbollah. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos y ha instado a ambas partes a buscar soluciones diplomáticas antes de que la situación derive en una guerra regional abierta.

