Con trabajo constante y optimismo, varias familias en Guayaquil han encontrado en el emprendimiento una forma de salir adelante y brindar mejores condiciones a sus seres queridos con discapacidad. Detrás de cada iniciativa hay historias de superación, amor y resiliencia que muestran cómo los pequeños negocios pueden transformar vidas.
Una de ellas es Laddy Farías, de 40 años, madre soltera que desde hace 18 años lidera un emprendimiento familiar junto a su hijo Rommel, quien tiene ceguera del 95 % y deficiencia intelectual del 80 %. Juntos elaboran y venden colada morada y pasteles veganos.
El negocio nació cuando Rommel era pequeño, bajo un paso a desnivel de la avenida 25 de Julio, y con el tiempo pasó de la venta informal a la participación en ferias inclusivas y promociones en redes sociales.
Rommel, diagnosticado con parálisis cerebral infantil (PCI), participa activamente en la atención al público. “Él es de las personas que les gusta vender, ofrece los productos, da la cucharita, pide el dinero. Médicamente es ciego, pero con la obra de Dios ve”, expresó su madre con orgullo.
Además, Laddy tiene otros dos hijos, uno de ellos con discapacidad física. Para ella, el emprendimiento ha sido el sustento y una fuente de esperanza: “Si no fuera por la lucha del día a día, no podríamos salir adelante. A las madres con hijos con discapacidad les digo: sí se puede”.
Actualmente, Rommel continúa su formación en el Centro de Profesionales con Discapacidad (Ceprodis), mientras su madre toma cursos para mejorar sus recetas y mantener vivo el negocio.
Otra historia de esfuerzo es la de Maricela Menéndez, quien decidió independizarse hace cinco años para abrir una veterinaria junto a su pareja. El objetivo fue tener un horario flexible y poder dedicar más tiempo al cuidado de su hija, que tiene una condición de discapacidad.
“Emprender no es fácil, la economía atraviesa dificultades, pero ahora puedo estar más cerca de mis hijas y eso no tiene precio. Estamos más fuertes como familia”, comentó Menéndez. Su negocio ofrece consultas veterinarias, vacunas, cirugías, baños y planes de salud para mascotas, servicios que le han permitido equilibrar el trabajo con la vida familiar.
También destaca la historia de Kevin Arreaga y su esposa, quienes impulsaron un emprendimiento para cubrir las necesidades médicas y de movilidad de su madre, que tiene limitaciones físicas, y su cuñada, diagnosticada con parálisis cerebral.
En su negocio venden artículos virales de redes sociales, como estrellas parlantes, peladores multifuncionales, loncheras térmicas y decoraciones artesanales en botellas, elaboradas por la madre de Kevin. Según él, el 30 % de las ganancias se destina a gastos de medicinas, insumos y traslados, que pueden alcanzar los 35 dólares semanales.
“Las ferias nos ayudan a reunir capital y seguir adelante. Es una pequeña ayuda, pero hace la diferencia”, explicó.
Estos y otros emprendimientos participaron recientemente en una feria inclusiva organizada por la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil (UTEG), donde tuvieron gran acogida.
Marilyn Muñoz, coordinadora de Sostenibilidad de la UTEG, destacó que la universidad apoya con talleres de economía circular y costura sostenible, fortaleciendo la autonomía económica de las familias participantes.
Estas historias reflejan la importancia de las iniciativas inclusivas y solidarias que no solo generan ingresos, sino que promueven dignidad, independencia y oportunidades para personas con discapacidad en Ecuador.

