Guayaquil y la necesidad de actualizar normas sísmicas: análisis de experto colombiano en gestión de riesgos

GUAYAQUIL

Guayaquil se ha destacado por su capacidad de resiliencia frente a desastres históricos, desde el incendio que devastó gran parte de la ciudad en 1896 hasta sismos de gran magnitud, como el registrado en 1787, y graves inundaciones que han puesto a prueba su infraestructura.

Este escenario de riesgo y aprendizaje fue analizado por Omar Darío Cardona Arboleda, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y experto en sismorresistencia, quien visitó la ciudad para participar en un diálogo académico sobre gestión de riesgos en la Universidad Católica.

Cardona, originario de Manizales, Colombia, fue director nacional de Gestión de Riesgos y presidente durante catorce años de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica. Su experiencia personal incluye la tragedia de Armero, sepultada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz hace 40 años, evento que, según él, transformó la gestión de riesgos en Colombia y marcó un antes y un después en la prevención de desastres.

Durante su visita, Cardona destacó que Guayaquil representa un caso de estudio valioso para la gestión de riesgos. “Aquí hay un trabajo de décadas en prevención, diseño estructural y respuesta a emergencias. La ciudad ha aprendido de sus desastres, pero aún hay camino por recorrer”, señaló.

El experto recordó el terremoto de Pedernales hace diez años, que aunque afectó más directamente a la zona norte de Ecuador, también tuvo repercusiones en Guayaquil. Este evento subraya la importancia de mantener actualizadas las políticas de gestión de riesgos y no depender únicamente de la memoria de desastres pasados.

La academia, según Cardona, juega un papel esencial en la gestión de riesgos. En Colombia, universidades como la Nacional han sido aliadas de la institucionalidad, aportando asesoría técnica en políticas públicas, desarrollo de normas de sismorresistencia y capacitación en prevención de desastres. Cardona plantea que un enfoque similar podría consolidarse en Guayaquil mediante la cooperación académica con experiencias internacionales.

Uno de los puntos críticos que resaltó el experto es la actualización de normas sísmicas. Las regulaciones actuales, que deberían revisarse cada cuatro o cinco años, aún no han sido renovadas; un intento realizado en 2022 no prosperó. Según Cardona, la ingeniería sísmica avanza según estudios de suelo y nuevas metodologías, lo que hace necesaria la revisión constante de los protocolos de construcción. Incluso sugirió que Guayaquil podría desarrollar su propia norma sísmica, adaptada a sus condiciones particulares, distinta a la que rige en Quito.

“Es crucial dar voz a los expertos locales y consolidar su conocimiento para que la ciudad pueda proteger mejor a sus habitantes frente a terremotos e inundaciones. No debemos esperar a que ocurra un desastre para reconocer la importancia de este tema”, enfatizó Cardona.

El diálogo académico en la Universidad Católica busca, además, fomentar la cooperación entre instituciones educativas de Ecuador y Colombia, intercambiar experiencias y desarrollar proyectos conjuntos que fortalezcan la investigación aplicada en gestión de riesgos y resiliencia urbana.

Guayaquil, con su historia de tragedias y aprendizaje, continúa siendo un ejemplo de resiliencia, pero la actualización de normas y políticas de sismorresistencia es un paso indispensable para garantizar la seguridad y la protección de su población frente a futuros desastres.

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