La inauguración de la Gran Presa del Renacimiento Etíope ha encendido una controversia internacional que enfrenta a Egipto y Etiopía, marcando un capítulo crítico en la gestión del agua en África. El megaproyecto hidroeléctrico, iniciado en 2011 y finalizado recientemente, ha generado preocupación sobre el impacto que podría tener en el suministro de agua del Nilo.
Construida por la empresa italiana Salini Impregilo con un costo aproximado de 5.000 millones de dólares, la represa se encuentra sobre el Nilo Azul, principal afluente que nace en el Lago Tana, en Etiopía. Este río aporta cerca del 85% del caudal total del Nilo, segundo río más largo del mundo con 6.853 km que atraviesa Burundi, Egipto, Etiopía, República Democrática del Congo, Ruanda, Sudán, Sudán del Sur, Tanzania y Uganda.
Desde el inicio de su construcción, Egipto ha manifestado su oposición, argumentando que el proyecto pone en riesgo su seguridad hídrica y contraviene acuerdos previos entre naciones africanas. Abdel Fattah el-Sisi, presidente egipcio, señaló durante un foro internacional sobre el agua que “Egipto no se quedará de brazos cruzados ante la actitud irresponsable de Etiopía y tomará todas las medidas necesarias para proteger sus intereses y la seguridad hídrica”.
Por su parte, las autoridades etíopes rechazaron públicamente las declaraciones del mandatario egipcio, asegurando que “durante décadas, Etiopía y otros países ribereños del Nilo han colaborado con Egipto en la búsqueda de una cooperación transfronteriza basada en el derecho internacional. Egipto nunca ha negociado de buena fe”. Adís Abeba ha subrayado su intención de mantener una relación amistosa con El Cairo, a pesar de los impases recientes que han estancado las negociaciones desde 2015, un proceso que también involucra la postura del gobierno sudanés.
El debate sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope no solo refleja intereses geopolíticos, sino también un desafío sobre la gestión sostenible de los recursos hídricos en África. Expertos señalan que, mientras Etiopía busca aprovechar su potencial hidroeléctrico para impulsar el desarrollo económico, Egipto se enfrenta a la amenaza de una disminución en el flujo de agua, esencial para la agricultura y el consumo humano en gran parte del país.
El proyecto también ha atraído la atención de la comunidad internacional, que urge a ambas naciones a encontrar un equilibrio entre desarrollo y cooperación transfronteriza. El Nilo, históricamente vital para la vida de millones de personas, se ha convertido en un punto crítico de negociación diplomática que podría definir el futuro del continente en términos de seguridad hídrica y estabilidad regional.

