En 2024, el Ministerio de Salud reportó un total de 6.435 consultas externas relacionadas con taquicardia, una condición caracterizada por el aumento anormal del ritmo cardíaco. Aunque el término puede sonar alarmante, no todas las taquicardias representan un riesgo letal. Su peligrosidad depende de múltiples factores clínicos y del origen exacto del trastorno.
El doctor Alberto Cárdenas, cardiólogo especialista, señala que el ritmo cardíaco normal oscila entre 60 y 100 latidos por minuto. Si se superan estos valores, se considera una taquicardia. Sin embargo, “no todas las taquicardias son dañinas. Su efecto en la salud depende de dónde se originan dentro del corazón y si afectan la eficacia de la contracción cardíaca”, explica el especialista.
En los casos en que el corazón mantiene una contracción eficiente, es posible que la taquicardia no provoque consecuencias graves. Pero cuando la contracción es deficiente, la presión arterial puede descender bruscamente, lo que puede causar mareos, desmayos e incluso pérdida de conciencia.
La taquicardia puede estar relacionada con distintos factores, como el estrés, el consumo de cafeína, ciertos medicamentos o enfermedades subyacentes. Existen varios tipos de taquicardia, entre ellas la taquicardia supraventricular, ventricular y sinusal, cada una con diferentes niveles de riesgo y mecanismos.
Los cardiólogos advierten sobre la importancia de consultar a un especialista ante episodios frecuentes de palpitaciones, ya que un diagnóstico temprano puede ser clave para evitar complicaciones mayores como accidentes cerebrovasculares o insuficiencia cardíaca.
La recomendación médica es clara: no subestimar los síntomas y realizarse controles periódicos, especialmente si existen antecedentes familiares de enfermedades cardíacas. “Detectar una taquicardia a tiempo puede marcar la diferencia entre un tratamiento preventivo y una emergencia médica”, concluye Cárdenas.
