El Parque de las Aves, ubicado en Foz de Iguaçu, Brasil, es mucho más que un atractivo turístico: funciona como un centro de conservación de aves de la Mata Atlántica, destacando por sus programas de rescate y reproducción de especies amenazadas. Entre ellas se encuentra la cotorra pechigrís (Pyrrhura griseipectus), también conocida como periquito ‘cara suja’, catalogada como el periquito más amenazado de las Américas.
Desde 1999, el parque ha recibido ejemplares de esta especie rescatados del tráfico ilegal de fauna, y desde 2005 ha logrado reproducciones exitosas en cautiverio. Estas acciones tienen como objetivo reintroducir a las aves en su hábitat natural, contribuyendo a la recuperación de la especie.
En octubre de 2024, dos ejemplares nacidos en cautiverio en el parque fueron trasladados a la Serra de Aratanha, en Ceará, como parte del proyecto Cara-Suja, liderado por la Asociación para la Investigación y Preservación de Ecosistemas Acuáticos Aquasis.
Paloma Bosso, directora técnica del parque, señaló que “cada paso del proceso fue esencial para asegurar que estas aves estuvieran listas para una translocación exitosa, contribuyendo así a la recuperación de la especie en su entorno natural”.
Un centro de conservación único
Con 35 años de operación, el Parque de las Aves ocupa 16 hectáreas y alberga una amplia diversidad de especies: flamingos, tucanes, guacamayos, corocoros y urutaús, entre otras. Además, trabaja activamente en la protección de aves endémicas o en peligro, como el pavón piquirrojo y el pavón de Alagoas (Pauxi mitu), mediante programas de rescate y reproducción.
La cotorra pechigrís, que pasó de peligro crítico a peligro en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 2017, es ahora un ejemplo de programa exitoso de conservación que combina educación, investigación y turismo responsable.
Turismo y sostenibilidad
El parque financia su labor a través de la entrada de visitantes, que actualmente es de 16 dólares, además de consumo en su restaurante y tienda de recuerdos. La sostenibilidad también es parte de su gestión: diariamente se generan 65 kilogramos de residuos orgánicos, los cuales se transforman en composta, alcanzando 24 toneladas al año que se destinan a jardinería y mantenimiento del hábitat de las aves.
Entre los senderos y recintos del parque, mariposas y la exuberante vegetación completan un paisaje que combina belleza natural con conservación, mostrando cómo el rescate de especies amenazadas puede ir de la mano con la educación ambiental y el turismo responsable.

