El Estudio de Actores reinterpreta el mito de Píramo y Tisbe con una propuesta transmedia y poética

ENTRETENIMIENTO

Una obra clásica reinventada en Quito

El pasado 2 de octubre de 2025, la cantera del Estudio de Actores presentó el estreno de “Píramo y Tisbe. ¿111 modos de largarse?”, una reinterpretación contemporánea del mito grecolatino escrito por Ovidio en el año 8 d. C. La puesta en escena, protagonizada por Irina Jaramillo, Silvana Vaca Díaz, Lennyn Santacruz y Dida Córdova Cruz, fue dirigida por Carmen Elena Jijón, Daniela Sánchez y Diego Coral López, quienes apostaron por una experiencia teatral transmedia que combina actuación, poesía, música y videoarte.

En medio de la penumbra del Centro Histórico de Quito, el teatro del Estudio de Actores se llenó de expectación. Sobre el escenario, cuatro intérpretes calentaban cuerpo y voz antes de dar vida a una historia que, aunque milenaria, conserva intacta su intensidad emocional: el amor prohibido entre Píramo y Tisbe, jóvenes babilonios separados por un muro y la enemistad de sus familias.

De Ovidio a Shakespeare: el amor que inspiró tragedias eterna.

La versión escénica rescata los 111 versos originales del poema de Ovidio, considerado una de las fuentes que inspiraron a Shakespeare para escribir Romeo y Julieta. A través de una propuesta minimalista y simbólica, los actores dan cuerpo a una historia donde el deseo, la pasión y la tragedia se entrelazan con precisión poética.

El escenario, sobrio pero expresivo, se llena con las voces claras y potentes de los intérpretes, capaces de evocar atmósferas de sensualidad y desesperación con solo unos versos. “Píramo, el más hermoso de los jóvenes; Tisbe, la más destacada de las doncellas de Oriente…”, recitan, mientras el público se sumerge en la cadencia de un lenguaje que sobrepasa los siglos.

Versos en lugar de diálogos: un juego entre lo clásico y lo contemporáneo

Una de las mayores particularidades de esta obra es la ausencia de diálogos convencionales. En lugar de intercambios hablados, los actores declaman versos, creando una narrativa visual y sonora que se sostiene en el ritmo poético.

“Decidimos reemplazar los diálogos con versos porque creemos que eso permite al público completar la experiencia desde su propia subjetividad”, explicó la directora Carmen Elena Jijón. “Los clásicos siguen siendo actuales porque nos leen a nosotros, a nuestra humanidad, más allá del tiempo”, añadió, evocando las palabras del escritor Alejo Carpentier.

La actriz Irina Jaramillo destacó que el trabajo fue “un proceso de exploración constante”. “Como actores, jugamos. No representamos el texto, representamos situaciones. Los versos nos dieron la oportunidad de equilibrar la naturalidad con la emoción. En lo cotidiano también hay tragedia, también hay amor”, señaló.

Un reto escénico y emocional

Para los intérpretes, el montaje representó un desafío técnico y físico. “El trabajo escénico es extenuante. Una función de 70 minutos requiere seis meses de preparación”, comentó Jaramillo, quien finaliza su formación bajo la técnica de Segundo Stanislavski. “Ha sido un reto que pone a prueba todo lo aprendido. El teatro transmedia nos saca de la zona de confort y nos impulsa a experimentar”.

Durante las transiciones entre escenas, la obra incorpora proyecciones visuales y música, elementos que amplifican la atmósfera y refuerzan la sensación de que el público presencia una experiencia híbrida entre lo teatral y lo cinematográfico. Esa fusión de lenguajes es, precisamente, lo que convierte a Píramo y Tisbe. ¿111 modos de largarse? en una propuesta transmedia.

Temporada y funciones

El Estudio de Actores, que celebra 16 años de trayectoria, presentará la obra durante octubre y noviembre, con funciones los viernes a las 19:00 y sábados y domingos a las 18:00, en su sede ubicada en Manabí y Benalcázar, en el Centro Histórico de Quito.

En su desenlace, los versos finales del mito resuenan con la misma fuerza trágica que hace más de dos milenios:

“Una sola noche perderá a dos amantes… Yo te he matado, digna de compasión… Te seguiré en la muerte, porque ni siquiera la muerte podrá separarnos”.

La obra, más que una reinterpretación del pasado, se convierte en una reflexión sobre el amor, la pérdida y la permanencia de los clásicos en la sensibilidad humana contemporánea.

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