El deporte guayaquileño solo vive en el recuerdo

DEPORTES

Después de un domingo futbolero, al recordar jugadas, voladas espectaculares y goles, también venían las decisiones: ¿básquet o boxeo en Huancavilca o Voltaire Paladines? ¿Retrasar un compromiso familiar para asistir a los duelos de béisbol en Reed Park o Yeyo Úraga? Guayaquil era una fragua de entusiasmo deportivo desde principios del siglo XX, donde cada disciplina vibraba durante la semana para culminar en la cita dominical con el fútbol.

Hoy, ese espíritu se ha desvanecido. Los escenarios se oxidan, salvo para alquileres costosos de conciertos o ceremonias religiosas. La ciudad, que alguna vez fue campeona en todo, parece haber olvidado la raíz deportiva que la llevó a ser referente en la región.

El ocaso de Barcelona y Emelec

Del histórico balompié guayaquileño solo quedan Barcelona y Emelec, ambos en crisis. El club eléctrico enfrenta la amenaza de perder jugadores por falta de pago, mientras que Barcelona arrastra una deuda de 60 millones de dólares, con una plantilla que dista mucho de la calidad de antaño.

Mientras tanto, Liga de Quito consolida su poderío en la Copa Libertadores 2025, avanzando con autoridad tras eliminar a Botafogo, São Paulo y Palmeiras. El contraste entre los albos y los clubes porteños no podría ser más marcado.

Tiempos mejores

El liderazgo de Liga de Quito se fortaleció con la llegada de Tiago Nunes, quien implementó presión alta, transiciones rápidas y eficacia ofensiva, transformando al equipo en una fuerza imparable. Isaac Álvarez, desde la dirigencia, apostó por sobriedad y pundonor, dejando atrás los conflictos del pasado y llevando a los albos a la antesala de otra final continental.

Nostalgia vs. modernidad

El deporte guayaquileño no nació en vitrinas ni contratos millonarios, sino en calles, canchas de tierra y tribunas llenas de pasión. Las crónicas de antaño contaban epopeyas, no estrategias, y los ídolos sudaban la camiseta por orgullo. Hoy, los reflectores y los negocios han reemplazado la mística, pero la memoria permanece.

Recordar no es vivir en el pasado; es honrar la raíz. Mientras alguien cierre los ojos y escuche el eco de una tribuna encendida, el espíritu de los grandes clubes y jugadores de Guayaquil seguirá vivo, latiendo en cada grito, en cada bandera y en cada corazón azul o amarillo que todavía sabe lo que significa amar los colores.

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