El sector camaronero ecuatoriano atraviesa un momento de contrastes. Aunque ha superado al petróleo como principal producto de exportación, su rentabilidad por libra de camarón continúa en descenso. Entre enero y agosto de este año, las exportaciones de camarón generaron alrededor de $300 millones más que el petróleo, consolidando a Ecuador como líder mundial en producción y exportación del crustáceo. Sin embargo, este éxito revela una cara menos favorable: el fenómeno de los rendimientos decrecientes.
Durante la inauguración de la Aquaexpo 2025 en Guayaquil, el ministro de Agricultura y Ganadería, Danilo Palacios, destacó la resiliencia del sector. “No tienen precios oficiales ni de sustentación, van al mundo a competir. Son resilientes; ni la mancha blanca ni la caída de precios los han derrotado”, afirmó, resaltando los avances tecnológicos del sector camaronero, considerado un ejemplo para otras industrias del país.
No obstante, José Antonio Camposano, presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura (CNA) y organizador del evento, advirtió que el buen desempeño en ventas no necesariamente se traduce en rentabilidad sostenible. “La salud de un sector no se mide solo por cuánto vende, sino por su capacidad de mantener márgenes de rentabilidad en el tiempo”, señaló. Según el dirigente, la rentabilidad por libra de camarón es hoy menor que hace tres años, a pesar del incremento en producción y facturación.
Camposano explicó que el sector enfrenta el fenómeno de rendimientos decrecientes, el cual ocurre cuando la incorporación de nuevas tecnologías y métodos de eficiencia produce beneficios cada vez menores. “Hay productores que, aun con toda la tecnología disponible, ganan menos por libra de camarón que antes. Invierten más, producen más, pero obtienen menos margen de ganancia”, puntualizó.
Esta situación, advirtió, representa una señal de alerta. Si los costos continúan en aumento, el sector podría enfrentar pérdidas y perder competitividad internacional. Entre los principales factores que elevan los costos están los aumentos en mano de obra, combustible y tarifas eléctricas, sumados a la imposibilidad de devaluar la moneda por la dolarización de la economía.
“Ecuador tiene una moneda dura. No podemos licuar los costos como hace 30 años”, enfatizó Camposano, quien destacó que, pese al encarecimiento de la producción, el sector privado ha respondido con inversión y tecnología. Sin embargo, aclaró que cada nueva inversión rinde menos, lo que agrava el desafío de mantener la rentabilidad.
A esto se suma el impacto de la eliminación de subsidios al diésel, tanto para el uso industrial como automotor. Camposano recordó que durante el gobierno de Guillermo Lasso se retiró el subsidio al diésel para la industria camaronera, lo que representó un incremento de entre $0,07 y $0,12 por libra producida. La reciente eliminación del subsidio al diésel automotor ha sumado entre $0,015 y $0,03 adicionales por libra, afectando principalmente los costos de transporte.
“El impacto directo se siente en la movilización del camarón desde las zonas de pesca hasta las empacadoras. Pero además, se genera un efecto dominó que encarece toda la cadena de valor, desde los insumos hasta la logística”, detalló Camposano, quien estimó aumentos de entre 2 % y 5 % en distintos componentes del proceso productivo.
El dirigente también señaló que el sistema energético del país representa otro obstáculo. Según su análisis, la falta de inversión estatal ha contribuido a las crisis energéticas recientes. “Cuando entramos en problemas fiscales, no hubo inversión en energía, y eso afecta directamente la competitividad. El Estado debe permitir que el sector privado participe más activamente en la generación y gestión de energía”, sostuvo.
Camposano concluyó que el Estado debe soltar el control de ciertos sectores donde ha quedado demostrado que su gestión es ineficiente. “Las ineficiencias públicas terminan siendo costos adicionales que el sector privado debe asumir. Es momento de liberar esas amarras”, finalizó.

