Ecuador acumula el 97 % de sus residuos electrónicos en los hogares: una amenaza invisible para el ambiente

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Cada año, miles de celulares, televisores, refrigeradoras y computadoras dejan de funcionar en Ecuador y se transforman en residuos electrónicos, un tipo de desecho que crece sin control y representa un riesgo tanto para el ambiente como para la salud pública.

De acuerdo con datos del Ministerio del Ambiente, cada ecuatoriano genera en promedio 5 kilos de desechos electrónicos al año, cifra que se ha incrementado sostenidamente en los últimos cinco años. En conjunto, el país produce entre 90.000 y 100.000 toneladas anuales de este tipo de residuos, reflejando un problema que combina consumo excesivo, obsolescencia acelerada y una débil infraestructura de reciclaje.

El desafío del e-waste en Ecuador

El fenómeno responde a una mayor presencia tecnológica en los hogares y a la corta vida útil de los dispositivos. A ello se suma la falta de conocimiento ciudadano: solo el 20 % de los ecuatorianos sabe dónde entregar un aparato en desuso, según estudios realizados por la empresa Vertmonde, especializada en la gestión responsable de residuos electrónicos.

“Cuando hablamos de e-waste, no hablamos solo de contaminación; hablamos de salud pública, justicia ambiental y oportunidades de empleo verde. La clave está en cambiar la forma en la que gestionamos lo que desechamos”, afirma Jhoanna Rosales, directora de Vertmonde.

Los residuos invisibles: el 97 % que nadie ve

El aspecto más crítico del problema está en lo que se conoce como residuos invisibles. Apenas el 3 % del e-waste generado en Ecuador ingresa a sistemas de reciclaje formal y certificado, mientras que el 97 % restante permanece guardado en los hogares, olvidado en bodegas o cajones.

Muchos de estos aparatos terminan desmantelados de forma informal, exponiendo a quienes manipulan sus componentes a metales pesados y sustancias tóxicas. Otros acaban mezclados con la basura común, contaminando suelos y aguas.

“Cada aparato que no se gestiona adecuadamente representa un riesgo para la salud y el ambiente, pero también una oportunidad perdida para recuperar materiales y reducir emisiones”, añade Rosales.

Un problema que crece sin control

El incremento de residuos electrónicos en Ecuador es sostenido. En 2017, cada persona generaba menos de 4 kilos de e-waste; hoy la cifra supera los 5,5 kilos por habitante. Si esta tendencia continúa, el volumen podría aumentar un 30 % en la próxima década, superando las 150.000 toneladas anuales antes de 2030.

Los pequeños electrodomésticos, como planchas, secadores o licuadoras, representan más de un tercio del total. Les siguen los equipos de informática y telecomunicaciones (celulares, tablets y computadoras), que suman alrededor del 25 % de los residuos.

El potencial del reciclaje circular

El manejo adecuado del e-waste no solo reduce impactos ambientales, sino que ofrece beneficios económicos y sociales. Una sola tonelada reciclada correctamente evita hasta 1,5 toneladas de CO₂ equivalente, además de recuperar materiales como cobre, aluminio, hierro y plásticos, que pueden reincorporarse a la cadena productiva.

Sin embargo, para aprovechar este potencial se requiere infraestructura de recolección, campañas educativas y regulaciones efectivas que promuevan una economía circular.

El desafío, advierten los expertos, está en visibilizar lo que hasta ahora se mantiene oculto: los millones de dispositivos almacenados en los hogares que podrían convertirse en materias primas valiosas o en fuentes de contaminación silenciosa.

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