Críticas crecen contra la primera ministra de Japón por promover jornadas extenuantes y dormir apenas dos horas

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La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, enfrenta una oleada de críticas luego de admitir públicamente que duerme entre dos y cuatro horas diarias, una declaración que ha reavivado el debate nacional sobre las extensas jornadas laborales en el país. Su comentario surgió durante una intervención ante un comité legislativo, donde se le consultó por la necesidad de reducir los prolongados horarios de trabajo que caracterizan a la sociedad japonesa.

Duermo unas dos horas ahora, cuatro como máximo. Siento que es malo para mi piel”, afirmó Takaichi en respuesta a la pregunta de un legislador sobre el impacto de las cargas laborales. La revelación llega días después de la controversia generada por una reunión convocada por la mandataria a las 03:00 de la madrugada para preparar una sesión parlamentaria, un gesto que muchos interpretaron como la normalización del sobreesfuerzo laboral.

Japón arrastra desde hace décadas un problema estructural relacionado con el equilibrio entre vida personal y trabajo. La presión en oficinas y empresas ha provocado que miles de trabajadores vivan bajo un estrés constante, a tal punto que existe un término específico para describir las muertes asociadas al exceso de trabajo: karoshi.

Durante su intervención, la primera ministra también fue cuestionada sobre las conversaciones dentro de su gobierno relacionadas con la posible ampliación del límite máximo de horas extraordinarias, una medida orientada —según sus defensores— a impulsar el crecimiento económico del país.

Takaichi sostuvo que este debate responde a la diversidad de realidades laborales en Japón. “Algunas personas optan por tener dos empleos para llegar a fin de mes, mientras que muchas empresas imponen límites estrictos a las horas extras”, explicó. En ese sentido, aseguró que cualquier reforma contemplará mecanismos sólidos para proteger la salud de los trabajadores.

La mandataria insistió en la necesidad de construir un sistema que permita armonizar las responsabilidades familiares con las laborales. “Lo ideal sería crear una situación en la que las personas puedan equilibrar el cuidado infantil y de familiares según sus deseos, trabajar, disfrutar de tiempo libre y relajarse”, enfatizó.

Sanae Takaichi asumió el cargo el mes pasado, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno japonés. Tras ser elegida líder del Partido Liberal Democrático, marcó un discurso firme en torno a su visión del trabajo. Incluso llegó a declarar: “Descartaré para mí misma el término ‘equilibrio entre trabajo y vida personal’. Trabajaré, trabajaré, trabajaré, trabajaré y trabajaré”.

Desde su llegada al poder, ha mantenido una agenda intensa, que incluye participaciones en reuniones regionales y encuentros bilaterales con líderes como el presidente estadounidense Donald Trump, el mandatario chino Xi Jinping y el presidente surcoreano Lee Jae-myung.

Aunque para algunos su estilo refleja disciplina y entrega, para otros evidencia una visión poco saludable del trabajo que podría reforzar prácticas que Japón intenta dejar atrás. El debate, por ahora, continúa abierto en un país que lucha por transformar una cultura laboral profundamente arraigada.

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