Comerciantes del norte de Guayaquil intentan reactivarse entre pérdidas y temor tras el atentado del 14 de octubre

GUAYAQUIL

Días después del atentado con explosivos ocurrido el martes 14 de octubre frente a un centro comercial del norte de Guayaquil, el panorama comercial en la zona sigue marcado por la incertidumbre, el miedo y las pérdidas económicas. Aunque algunos negocios han retomado actividades, otros permanecen cerrados ante el temor de nuevos ataques.

La explosión, que causó la muerte del taxista Wellington Benítez, dejó 26 heridos y provocó daños en al menos seis edificios, principalmente en ventanales y fachadas. Este hecho no solo conmocionó a la ciudad, sino que también paralizó la economía de los locales cercanos, donde el flujo de clientes disminuyó drásticamente durante los días posteriores.

“Al siguiente día no pudimos abrir; cuando regresamos, las ventas fueron casi nulas”, relató una empleada de un restaurante ubicado a pocos metros del lugar del ataque. Según explicó, el negocio ha logrado mantenerse operativo únicamente gracias a contratos externos. “Seguimos vendiendo porque atendemos a empresas asociadas y enviamos comida a domicilio; así no paramos”, añadió. Las pérdidas acumuladas entre el 15 y el 18 de octubre se estiman entre 200 y 300 dólares.

Aunque el local no sufrió daños internos, el edificio contiguo presentó afectaciones estructurales. Durante el fin de semana, cuadrillas municipales realizaron trabajos de reposición de ventanales en la avenida Orrantia, bajo la supervisión de la empresa de seguridad Segura EP.

Otro comerciante explicó que la mayor dificultad para reabrir completamente los negocios es el miedo. “De a poco vamos volviendo a la normalidad, pero seguimos con temor. Fue horrible, estábamos aquí cuando todo pasó”, comentó una trabajadora de una tienda cercana.

Antes del atentado, la zona era altamente concurrida los fines de semana. Sin embargo, el flujo de visitantes sigue siendo mínimo. “Normalmente los sábados hay bastante movimiento, pero ahora todo está vacío y silencioso”, afirmó otra comerciante.

Las vías del sector también han tenido cierres intermitentes. La Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) habilitó temporalmente la circulación el viernes 17 de octubre, pero durante el fin de semana volvió a restringir parcialmente la avenida Orrantia, sentido hacia Las Américas, para permitir nuevas diligencias judiciales.

Mientras tanto, edificios como el 100 Business Plaza continuaron con labores de reparación visibles desde la calle. Los pocos locales que han reabierto registran escasa afluencia, reflejo del temor que aún persiste entre la ciudadanía.

En el ámbito investigativo, fuentes policiales confirmaron que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) colabora desde el primer día en las pericias técnicas. El ministro del Interior informó que en el ataque se utilizaron dos automóviles: uno de ellos estalló y otro, que contenía material explosivo de tipo profesional, fue desactivado por las autoridades.

Un compañero del taxista fallecido ofreció un testimonio directo de los hechos. “Yo estaba grabando el incendio; me fui y cinco minutos después explotó. Las partes volaban y a él le cayó un pedazo grande”, relató, mostrando una herida visible en la oreja.

A medida que avanzan las investigaciones y los trabajos de reconstrucción, el comercio del norte de Guayaquil intenta levantarse de un golpe que, además de material, ha sido emocional. La sensación de inseguridad y el impacto económico continúan marcando la cotidianidad de los negocios que buscan sobrevivir a la tragedia.

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