Cartagena vive su auge gastronómico y cultural: alta cocina, coctelería y tradición caribeña

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Cartagena vibra con ritmo de champeta, cumbia y vallenato. Su aire mezcla sal, frituras y dulces encocados, mientras el calor deja su huella en quienes recorren el centro histórico, adornado con los colores de las palenqueras, evocando la historia que Joe Arroyo inmortalizó en Rebelión.

La ciudad, inspiración de Gabriel García Márquez en obras como El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios, se expresa hoy a través de su gastronomía y mixología, consolidándose como un referente en América Latina.

Entre los espacios más destacados se encuentra Celele, un restaurante que combina fine dining con cercanía y color. Su carta celebra ingredientes locales como la gallina criolla y la langosta, mientras los platos se presentan con un despliegue de frutas y flores. La experiencia inicia con el cóctel Mamá África: gin, aceite de coco y un código QR que conecta con Me gritaron negra, de Victoria Santa Cruz, un guiño a la memoria afrodescendiente. Cada bocado de Celele refleja la riqueza agrícola de los Montes de María, donde familias campesinas retornaron a la tierra tras el acuerdo de paz, sembrando con respeto a la biodiversidad.

Por su parte, Alquímico se ha consolidado como uno de los bares más premiados de la región, destacando por traducir la biodiversidad colombiana en cocteles innovadores. La carta Comunidad incluye tragos como Ajonjolí, Cenizas y Mango, elaborados con productos de Asocoman, una asociación agropecuaria que reinvierte parte de sus ganancias en proyectos comunitarios. Cada bebida no solo sorprende al paladar, sino que cuenta historias de resiliencia, como la de Rosa Bertel, quien encontró en la asociación un espacio para sanar y transformar su historia personal. La terraza de Alquímico resume la esencia cartagenera: música, baile, calor y tragos que celebran la identidad local.

Cartagena también ofrece otras paradas esenciales para viajeros y amantes de la gastronomía:

  • La Cevichería, donde Anthony Bourdain disfrutó del sabor del Caribe.
  • El Coro Lounge Bar, un homenaje escondido a Gabo.
  • El Barón, con cocteles frente a la iglesia de San Pedro Claver.
  • Alma, dentro del elegante Hotel Casa San Agustín.
  • La Cocina de Pepina, tradición cartagenera en estado puro.
  • Ajá Chechi, puente entre la cocina árabe y colombiana.

Gran parte de la riqueza gastronómica y cultural de la ciudad proviene del trabajo de las familias campesinas que regresaron a los Montes de María tras años de desplazamiento. Con conciencia ambiental y respeto por la biodiversidad, estos agricultores lograron crear un agro renovado, cuyos frutos hoy se sirven en restaurantes y bares de Cartagena, transformando cada plato y trago en una celebración de la memoria y el Caribe.

Como escribió Gabriel García Márquez: “Cartagena es una ciudad que han intentado destruir durante más de cuatrocientos años y, creo, está más viva que nunca”. Hoy, entre sabores, música y colores, la ciudad reafirma esa vitalidad.

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