Cartagena está más viva que nunca: sabor, historia y reinvención en la capital del Caribe colombiano

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Cartagena está más viva que nunca: la mezcla perfecta entre alta cocina, bares de autor y memoria colectiva

Cartagena vibra como pocas ciudades en América Latina. Suena a champeta, cumbia y vallenato; huele a mar, frituras y dulces encocados. El calor es impaciente, deja una huella salada en la piel, y el centro histórico —custodiado por balcones coloniales y las palenqueras de colores vivos— recuerda una historia negra que Joe Arroyo inmortalizó en Rebelión.

Gabriel García Márquez encontró en Cartagena la inspiración para El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios. Hoy, esa ciudad que inspira novelas y canciones también escribe una nueva historia: la de una gastronomía que dialoga con su territorio y una mixología que honra sus raíces.

Celele: la cocina del Caribe que florece del agro renacido

El restaurante Celele, reconocido como el más sustentable del mundo, es una síntesis del nuevo Caribe colombiano. Fundado por el chef Jaime Rodríguez, Celele no se vive como un fine dining tradicional. Su espacio es colorido, acogedor y con alma artesanal. No hay menú degustación, sino una carta donde la gallina criolla y la langosta comparten protagonismo con frutas tropicales, flores comestibles y especias del litoral.

Todo comienza con el cóctel Mamá África, preparado con gin, aceite de coco y una estampita de una mujer palenquera que lleva un código QR: al escanearlo, suena Me gritaron negra, de Victoria Santa Cruz. La experiencia combina sabor, memoria e identidad.

Cada plato es un manifiesto visual y emocional. Destacan el cangrejo caribeño con machucado de ají dulce y la ensalada de flores caribeñas, homenaje al trabajo de los campesinos y agricultores urbanos que transformaron un campo envejecido tras la guerra.

Celele reivindica la tradición campesina y la biodiversidad en cada preparación. Sus insumos provienen de comunidades rurales que regresaron a la tierra después del acuerdo de paz, sembrando con respeto por el entorno.

Alquímico: la biodiversidad servida en una copa

A pocas calles, Alquímico se ha convertido en un ícono mundial de la coctelería. Ocupa el puesto número 8 en The World’s 50 Best Bars, pero su mayor logro no está en la lista, sino en su coherencia.

Su carta Comunidad celebra los productos del Caribe colombiano. Cada cóctel —Ajonjolí, Cenizas, Mango— lleva el nombre de un ingrediente proveniente de la asociación campesina Asocoman (Comunidad El Mango). Un porcentaje de cada trago vendido financia proyectos de infraestructura y educación en esa región.

El cóctel Cenizas, elaborado con mezcal y servido en una copa que lleva el retrato de Rosa Bertel, una de las integrantes de Asocoman, representa ese vínculo entre sabor y territorio. “La asociación ha sido una escuela que me ha permitido sanar las partes rotas de mi historia”, dice ella. En cada sorbo, el visitante entiende que Alquímico no solo mezcla ingredientes, sino también memorias.

El bar tiene tres niveles con ambientes distintos y una terraza donde la música, el baile y el calor condensan la esencia de Cartagena: vibrante, libre y profundamente humana.

Guía rápida de sabores cartageneros

Además de Celele y Alquímico, Cartagena ofrece una ruta imperdible para los amantes del buen comer y beber:

  • La Cevichería: donde cenó Anthony Bourdain.
  • El Coro Lounge Bar: homenaje íntimo a García Márquez.
  • El Barón: cócteles frente a la iglesia San Pedro Claver.
  • Alma: elegancia y confort en el Hotel Casa San Agustín.
  • La Cocina de Pepina: tradición cartagenera en estado puro.
  • Ajá Chechi: el puente entre la cocina árabe y la colombiana.

Del desarraigo al renacer del campo colombiano

Durante décadas, los Montes de María fueron sinónimo de desplazamiento. Hoy, muchas familias han regresado y han encontrado en la tierra una forma de reconciliarse con el pasado. De esas siembras conscientes provienen los ingredientes que hoy dan vida a los platos de Celele y los cocteles de Alquímico.

Allí donde antes hubo guerra, ahora florece una gastronomía que combina sabor, identidad y esperanza. Cartagena, como escribió García Márquez, “es una ciudad que han intentado destruir durante más de cuatrocientos años y, creo, está más viva que nunca”.

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