La cineasta quiteña Ana Cristina Barragán continúa consolidando su nombre en la escena internacional. Tras ganar el Premio Orizzonti al mejor guion en el 82.º Festival de Cine de Venecia por Hiedra, Barragán se convierte en la primera ecuatoriana en obtener esta distinción, un reconocimiento que celebra no solo su talento, sino también el avance del cine de Ecuador en festivales de primer nivel.
Desde su hogar en Quito, la directora reflexiona sobre la importancia de este logro: “Estar en Venecia es un paso muy importante. El festival es uno de los más prestigiosos del mundo, después de Cannes, y participar en la selección oficial nos situó en un espacio internacional altamente competitivo”. La premiación no solo destacó su trabajo, sino que también dio visibilidad al cine ecuatoriano, algo que Ana Cristina valora profundamente.
El estreno mundial de Hiedra ocurrió el 3 de septiembre en una sala con capacidad para 1.600 personas, seguido de proyecciones para prensa y un foro especial que reunió a figuras de la industria como Jim Jarmusch, Paolo Sorrentino y Lucrecia Martel. Luego de Venecia, la película continuará su recorrido en otros festivales, incluido San Sebastián, reforzando su presencia internacional y recibiendo cobertura de medios como Variety y The Hollywood Reporter.
Un siguiente proyecto con impacto social: Amapola
Mientras Hiedra sigue su camino en festivales, Ana Cristina trabaja en su próximo largometraje, Amapola, cuyo rodaje iniciará en 2026. La película aborda la vida de adolescentes sobrevivientes de trata y busca dar voz a experiencias que aún son invisibilizadas. “Quiero mostrar cómo la trata deja huellas profundas en los cuerpos de las jóvenes, y cómo ellas empiezan a reconstruir sus vidas”, explica la directora.
El guion de Amapola se desarrolla con un enfoque en la actuación natural, buscando que las intérpretes reflejen autenticidad en sus personajes. Para este proyecto, Barragán realiza un cuidadoso casting, trabajando con jóvenes de casas de acogida y colaborando con instituciones como el Centro del Muchacho Trabajador en Quito, lo que ha fortalecido la verosimilitud de la historia.
Trayectoria y raíces
Desde niña, Barragán mostró interés por la narrativa audiovisual, creando videos con su hermana y dirigiendo pequeñas obras de teatro. Su familia ha sido un pilar constante, acompañándola en festivales y apoyando su carrera desde los primeros pasos. Este respaldo ha sido clave en proyectos como La piel pulpo y Hiedra, donde el trabajo intenso de edición, montaje y posproducción demandó un compromiso absoluto.
Reflexión sobre el cine ecuatoriano
La directora resalta los avances del cine en Ecuador, aunque subraya los retos pendientes: “Estamos emergiendo. El cine es un arte caro, y aunque con los fondos y leyes recientes se han producido más películas, aún falta mucho. Colombia ha logrado posicionar su cine internacionalmente, y creo que en Ecuador podemos avanzar en esa dirección”.
Barragán también destaca la fuerza del cine documental ecuatoriano y la maduración de los directores de ficción locales. Su experiencia en residencias y estudios en España, así como su participación en festivales internacionales, ha consolidado su perspectiva: el cine es un lenguaje que refleja la realidad de un país y abre puertas para contar historias universales.
Planes futuros
Entre sus metas está dirigir actores con amplia experiencia y filmar en distintos países, aunque por ahora su foco está en Amapola, un proyecto que combina compromiso social con narrativa cinematográfica. Para Ana Cristina Barragán, los próximos años estarán marcados por explorar historias de jóvenes, mantener la autenticidad en la actuación y seguir posicionando al cine ecuatoriano en la escena internacional.

