El próximo domingo, Argentina vivirá unas elecciones legislativas que trascienden lo local y captan la atención internacional, incluso de Washington. Estos comicios, que renovarán la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, podrían redefinir la agenda política, económica y geopolítica del país sudamericano.
Para el presidente Javier Milei, economista libertario y aliado ideológico de Donald Trump, las elecciones representan su desafío más delicado desde que asumió el poder hace casi dos años. Milei ha implementado un plan de ajuste económico drástico que ha logrado ciertos avances: la inflación mensual bajó de 25% en diciembre de 2023 a cerca de 2% en 2025, la pobreza disminuyó 10 puntos y se alcanzó un superávit presupuestal sin precedentes en más de una década.
No obstante, estos logros han venido acompañados de sacrificios para los argentinos: los ingresos reales de muchos trabajadores y jubilados cayeron, y la pobreza aún afecta al 31,6% de la población, alrededor de 14,5 millones de personas, según datos oficiales. Sergio Berensztein, analista político, señala que “lo que está en juego es si continúa este esfuerzo duro por estabilizar la economía o si Argentina regresa a un período de alta inflación”.
Además, Milei enfrenta cuestionamientos por escándalos recientes. Promocionó una criptomoneda que colapsó en segundos, su hermana Karina Milei fue implicada en supuestas irregularidades financieras, y José Luis Espert, candidato oficialista, renunció por vínculos con un empresario acusado de narcotráfico en EE.UU. Aunque todos niegan irregularidades, el voto medirá el impacto político de estos episodios.
El partido de Milei, La Libertad Avanza, sufrió su mayor derrota reciente en elecciones provinciales de Buenos Aires, generando inestabilidad en los mercados y movimientos de conversión de pesos a dólares. Una cuestión central será si Milei logra un tercio de apoyo en la Cámara de Diputados, necesario para mantener vetos legislativos clave y asegurar la viabilidad de sus reformas laborales, tributarias y jubilatorias.
Por su parte, la oposición busca consolidar su influencia en el Congreso y dar forma a la agenda nacional. El peronismo, principal fuerza contraria al oficialismo, está fragmentado entre seguidores de Cristina Fernández de Kirchner, el gobernador Axel Kicillof y el exministro Sergio Massa. Asimismo, un nuevo bloque, Provincias Unidas, reúne a gobernadores de distintos partidos, lo que podría ofrecer alternativas frente a la polarización y preparar el camino hacia las presidenciales de 2027.
En este escenario, Estados Unidos también tiene intereses directos. Trump ha impulsado un auxilio financiero para Argentina: un swap de US$20.000 millones, la compra de US$1.000 millones en pesos y la promesa de crear un fondo adicional de US$20.000 millones. El objetivo, según el secretario del Tesoro Scott Bessent, es reforzar la estabilidad de Argentina y contrarrestar la influencia de China en la región. Sin embargo, Trump condicionó su apoyo al desempeño electoral de Milei, afirmando que “si no gana, nos vamos”.
Especialistas como Monica de Bolle, del Instituto Peterson de Economía Internacional, advierten que estos fondos no resuelven la vulnerabilidad estructural del sistema monetario argentino ni su dependencia del dólar. El riesgo para EE.UU. es prolongar su compromiso financiero sin garantías de retorno.
El domingo, los argentinos decidirán si respaldan la continuidad del ajuste económico y el proyecto político de Milei, fortalecen a la oposición para equilibrar el Congreso, o influyen indirectamente en la estrategia geopolítica de Washington en Sudamérica. La votación podría determinar el rumbo económico del país y la estabilidad de su relación con Estados Unidos en los próximos años.

