Campaña de segunda vuelta estuvo marcada por ataques, errores estratégicos y escasa claridad en propuestas, según expertos

POLÍTICA

La campaña electoral de segunda vuelta presidencial en Ecuador, de cara a los comicios del 13 de abril, ha sido caracterizada por la confrontación, los errores internos en las estructuras políticas y una escasa difusión de propuestas claras por parte de los candidatos. Así lo sostienen diversos analistas políticos que han seguido de cerca el desarrollo de esta etapa clave del proceso electoral.

Según los expertos, la contienda entre Daniel Noboa y Luisa González no logró consolidar un debate programático que permitiera a la ciudadanía identificar con precisión las diferencias entre sus planes de gobierno. En cambio, predominó un tono confrontativo y la agenda pública estuvo marcada por señalamientos mutuos, desinformación en redes sociales y escasa profundidad en los contenidos.

El analista político Santiago Basabe considera que Daniel Noboa optó por una estrategia centrada en mantener su imagen de cercanía con la ciudadanía y reforzar el contacto directo con sectores sociales, una táctica que le funcionó en la primera vuelta. “Noboa buscó proyectarse como un presidente joven, dinámico y más enfocado en la ejecución que en el discurso político tradicional”, señaló.

Por su parte, la estrategia de Luisa González, según el politólogo Simón Pachano, estuvo enfocada en reestructurar su campaña tras los errores detectados en la primera vuelta. “Su equipo trabajó más en el control de daños y en mantener la base electoral del correísmo, que en expandir su alcance a nuevos sectores”, explicó.

Los errores internos también jugaron un papel importante. En ambas candidaturas se evidenciaron fallas en la coordinación de mensajes, improvisación en las agendas y dificultades para consolidar un equipo técnico visible y sólido que respaldara las propuestas.

Asimismo, los analistas coinciden en que la falta de propuestas concretas en temas clave como economía, seguridad y empleo debilitó el interés ciudadano. Esta situación generó un ambiente de apatía en ciertos sectores del electorado, que esperaban una discusión de mayor nivel sobre los desafíos estructurales del país.

A pesar del ambiente polarizado, los dos finalistas buscaron mantener el control de la narrativa en medios y redes, aunque sin lograr imponer una propuesta dominante. La expectativa ahora está puesta en el impacto que este estilo de campaña pueda tener en la participación electoral y en la gobernabilidad del futuro mandatario.

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