La Asamblea Nacional de Ecuador aprobó por unanimidad la Ley de Prevención y Control del Cáncer Cérvico Uterino, con un total de 106 votos a favor y sin oposición, el pasado 29 de octubre de 2024. Esta legislación establece un marco integral para la prevención de esta enfermedad, promoviendo acciones a través de la planificación y la vacunación por parte de los organismos de salud del país.
Durante el segundo debate de esta normativa, se presentaron cifras significativas previamente analizadas por la Comisión de Salud del Legislativo. Uno de los datos más preocupantes indica que hasta un 30% de las muertes causadas por cáncer podrían prevenirse mediante la modificación de factores de riesgo, tales como el sobrepeso, la obesidad, una dieta baja en frutas y verduras, la falta de actividad física, y el consumo de alcohol y tabaco.
Con el fin de mitigar el impacto de esta enfermedad, la nueva ley enfatiza la importancia de la detección temprana. Esto se logrará a través de estrategias de tamizaje y vacunación, que se consideran cruciales para mejorar las tasas de supervivencia. Además, se incorporan intervenciones para la recuperación, la rehabilitación y los cuidados paliativos, asegurando así una atención integral para las mujeres diagnosticadas con cáncer cérvico uterino.
A pesar de estos avances legislativos, las tasas de mortalidad por cáncer cervical en Ecuador no han mostrado una disminución en los últimos años, contrariamente a lo que ocurre en otros países. En el debate, se destacó también la falta de infraestructura adecuada para el tratamiento del cáncer dentro de la Red Pública de Salud. Actualmente, el país cuenta con solo ocho hospitales oncológicos de atención especializada de tercer nivel, que son operados por la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca). Por otro lado, tanto el sector público como el privado no lucrativo carecen de centros oncológicos dedicados.
La aprobación de esta ley representa un paso significativo hacia la mejora de la atención sanitaria en relación con el cáncer cérvico uterino, y busca no solo la prevención, sino también asegurar que las mujeres afectadas reciban el tratamiento adecuado para mejorar su calidad de vida y aumentar sus posibilidades de supervivencia.
