A los 65 años cumplió su sueño: Alicia Sant Tochón se graduó y va por más estudios universitarios

Tener metas claras y vivir con propósito fue el motor que impulsó a Alicia Sant Tochón, una mujer argentina nacida en Tucumán, a alcanzar uno de los mayores logros de su vida: obtener su título universitario a los 65 años. Hoy, lejos de conformarse, ya proyecta continuar su formación académica con una maestría.

Hija de un ingeniero y madre de cinco hijos, Alicia construyó una vida marcada por responsabilidades familiares y constantes cambios. Estuvo casada con un militar, lo que implicó mudanzas frecuentes durante varios años, una realidad que dificultó la continuidad de sus estudios superiores.

Su vínculo con la universidad comenzó a los 18 años, pero no fue un camino lineal. Durante décadas, inició distintas carreras como biología, ingeniería, zoología, programación, abogacía, diseño de interiores y letras. Sin embargo, ninguna logró retenerla completamente.

“Hice un año de ingeniería y me fue bien, pero no me sentía feliz. Necesitaba equilibrar el bienestar emocional con lo intelectual”, recordó en una entrevista con La Nación.

A los 21 años contrajo matrimonio y decidió dedicarse de lleno a su familia. La crianza de sus hijos y la dinámica del hogar ocuparon gran parte de su tiempo, aunque su deseo de estudiar nunca desapareció.

El punto de inflexión llegó en 2009, cuando su familia se estableció definitivamente en Córdoba. Fue entonces cuando la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se convirtió en el espacio donde retomaría su sueño académico.

En 2013, a los 52 años, tomó una decisión clave: inscribirse en la carrera de antropología. A diferencia de intentos anteriores, esta vez sintió que había encontrado su verdadera vocación.

“A diferencia de otras experiencias, esta elección fue definitiva”, recoge el medio argentino.

El camino no estuvo exento de dificultades. Alicia debió equilibrar sus estudios con responsabilidades familiares, lo que le impidió dedicarse por completo a la universidad. Aun así, perseveró.

Ni siquiera la pandemia de covid-19 logró detener su avance. “Entré en 2013 y en 2020 rendí mi última materia, en plena pandemia”, recordó.

Su tesis, titulada “Hogar dulce hogar. Igualdades – desigualdades en la reconstrucción de las organizaciones domésticas a partir del confinamiento por covid-19 en la ciudad de Córdoba”, abordó precisamente el impacto del encierro y la reorganización familiar durante la emergencia sanitaria.

La defensa final tuvo lugar el 18 de febrero de 2026, momento en el que logró oficialmente su título como licenciada en antropología. La universidad destacó su esfuerzo y dedicación, convirtiendo su historia en un ejemplo inspirador.

Las imágenes de su graduación reflejan la emoción del logro: Alicia aparece con toga y birrete, sosteniendo un cartel con la frase “Dígame licenciada”, símbolo de una meta alcanzada tras casi cinco décadas de intentos.

Ahora, con 66 años, no contempla detenerse. Evalúa continuar con estudios de posgrado y aspira a ejercer como antropóloga.

“Me encanta aprender, me encanta estudiar”, afirma convencida.

Para Alicia, la edad no representa un límite. Su experiencia la ha llevado a una conclusión clara: el aprendizaje es un proceso permanente.

“En este mundo hay lugar para todos, no importa la edad. Lo único que depende son las ganas”, sostiene.

Su historia deja una reflexión contundente: nunca es tarde para cumplir metas. Como ella misma resume, “quien no tiene proyectos, muere”, reafirmando que el propósito es un motor esencial a cualquier etapa de la vida.