Si alguna vez te has sentido irritado o con rabia al escuchar a alguien masticar, bostezar o teclear, es posible que experimentes misofonía, un trastorno que provoca fuertes reacciones emocionales ante sonidos específicos. Según WebMD, esta condición, también conocida como síndrome de sensibilidad selectiva al sonido, puede generar emociones que parecen desproporcionadas frente a la situación, pero que para quien la padece son intensas y difíciles de controlar.
La misofonía no se trata de un problema auditivo, sino de una reacción interna del cerebro ante ciertos estímulos sonoros. Quienes la sufren pueden describir la sensación como si “un sonido los volviera locos”, experimentando desde irritación leve hasta ira intensa o asco profundo.
Causas y factores asociados
Aunque aún no se conocen completamente las causas de la misofonía, se asocia a conexiones atípicas en el cerebro entre las áreas que procesan el sonido y las que controlan la respuesta de lucha o huida. Además, podría involucrar factores neurológicos, genéticos, psicológicos y de aprendizaje, según explica Kids Health. Este trastorno es más frecuente en mujeres y no tiene cura definitiva, aunque sí puede manejarse con terapia psicológica y estrategias de afrontamiento.
Un estudio citado por Science Alert evaluó la relación entre audición, emoción y cognición en personas con misofonía. Los investigadores analizaron a 140 adultos con una edad promedio de 30 años, sometiéndolos a pruebas de memoria y “flexibilidad afectiva”, la capacidad de alternar entre información emocional y no emocional. Los resultados sugieren que quienes presentan síntomas graves tienen más dificultades para regular sus emociones ante estímulos sonoros y muestran una mayor tendencia a la rumia, es decir, al estancamiento en pensamientos negativos sobre el pasado, el presente o el futuro.
Síntomas y consecuencias
Entre los síntomas más comunes se encuentran irritabilidad, ansiedad, enojo intenso, disgusto y evitación de situaciones donde se reproduzcan los sonidos detonantes. La misofonía severa puede asociarse con trastornos como depresión, ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo, aumentando la dificultad para mantener la calma o la concentración.
El tratamiento no implica cambios en la audición, sino intervenciones cognitivas y conductuales que ayuden a manejar la reacción emocional frente a los sonidos. Estrategias como la terapia cognitivo-conductual, la exposición gradual a los sonidos y técnicas de relajación pueden reducir la intensidad de las respuestas emocionales.
Conclusión
La misofonía evidencia la compleja relación entre sonido, emoción y cognición. Aunque no se puede curar, quienes la padecen pueden aprender a sobrellevarla y reducir su impacto en la vida diaria. Reconocer el trastorno es el primer paso para implementar estrategias de afrontamiento y mejorar la calidad de vida.

