Estados Unidos desplegará fuerzas especiales sobre Irán con la misión de confiscar 441 kilogramos de uranio, material casi apto para fabricar unas 11 armas nucleares. La operación aún se encuentra en fase de planificación, debido a la complejidad y riesgos que implica.
El uranio, que estaba bajo monitoreo del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quedó inaccesible tras los ataques aéreos en las instalaciones de Fordow y Natanz. La ubicación exacta del material sigue siendo incierta, lo que complica la operación.
Opciones estratégicas sobre el uranio
Según fuentes oficiales, Estados Unidos evalúa dos alternativas principales: controlar el sitio y diluir el uranio in situ para que no pueda utilizarse en armas, o retirar los cilindros y almacenarlos en otra ubicación segura.
El expresidente Donald Trump comentó al respecto desde el Air Force One que la misión es posible en el futuro, aunque no se realizará de inmediato: “No lo hemos buscado, pero es algo que podemos hacer más adelante. No lo haríamos ahora”.
Riesgos y antecedentes históricos
Esta no es la primera vez que las fuerzas estadounidenses consideran una misión de alto riesgo para asegurar material nuclear extranjero. Durante la Guerra Fría, el proyecto Honey Badger contemplaba el despliegue de aproximadamente 2.400 efectivos, más de 100 aeronaves y maquinaria pesada para operaciones similares.
El despliegue sobre Irán implicaría desafíos logísticos, inteligencia precisa y coordinación con aliados, ya que cualquier error podría desencadenar una escalada militar significativa en la región.

