El Tribunal Regional de Itzehoe consideró probada la complicidad de Irmgard F., que trabajó como funcionaria en la comandancia del campo de Stutthof, cerca de la ciudad polaca de Gdansk, desde junio de 1943 hasta abril de 1945.
Un tribunal alemán condenó a una antigua secretaria de un campo de concentración nazi de 97 años como cómplice en el asesinato de más de 10 mil personas, aunque mantiene en suspenso la pena de dos años de cárcel que se ha dictado contra ella.
El Tribunal Regional de Itzehoe consideró probada la complicidad de Irmgard F., trabajó durante su adolescencia en el campo de concentración de Stutthof, en la Polonia ocupada por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Desde junio de 1943 hasta abril de 1942 fue secretaria para el comandante del lugar. También sabemos que es una de las pocas mujeres que fue juzgada por crímenes nazi en décadas. Aunque la defensa apuntó que ella era solo una trabajadora civil, el juez sí consideró que estaba al tanto de lo que sucedía en el terrorífico sitio.

El juicio arrancó en septiembre de 2021 y, en él, varios supervivientes del campo dieron cuenta de los abusos cometidos dentro de estas instalaciones. También hablaron expertos, entre ellos un historiador que se extendió 14 sesiones.
La anciana intentó eludir el proceso escapando una madrugada de su residencia de ancianos en una localidad a las afueras de Hamburgo, en el norte del país. La Policía la detuvo en cuestión de horas y un tribunal ordenó que pasará cinco días en prisión preventiva.
«Siento lo que ha pasado», declaró en el final del juicio, el único momento en que rompió su silencio. «Lamento haber estado en Stutthof en ese momento. Es todo lo que puedo decir», alegó.

Este fue el infierno que se vivió en Stutthof.
El campo de concentración en Stutthof estaba ubicado cerca de la actual ciudad polaca de Gdansk, y se sabe que las medidas que se utilizaron para terminar con la vida de los prisioneros fueron dolorosas torturas que ahora son consideradas como situaciones inhumanas que llevaron a los prisioneros a cometer canibalismo para poder sobrevivir.
Medios locales narran que la sangrienta y trágica escena era un verdadero “espectáculo de tortura” lleno de sadismo. Los encarcelados eran asesinados, principalmente con inyecciones letales y cámaras de gas, pero había guardias que abusaban de su cargo y poder que utilizaban los peores métodos de homicidio para matarlos. Los arrojaban directamente a las cercas eléctricas o les echaban a los perros.

Las autoridades que cometían, recurrentemente, estos atroces crímenes de guerra eran parte de una organización paramilitar, policial, política, penitenciaria y de seguridad al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, era conocida como “Schutzstaffel” y abreviada como las SS.
Los registros apuntan que los hombres y mujeres que conformaban dicha estructura eran los principales autores de la violencia en los campos de concentración nazi. Aunque eso no justifica que los demás funcionarios que laboraban en el lugar hayan quedado exentos de participación, como fue el caso de Irmgard Furchner.
Estos fueron solo algunos de los horribles detalles que se revelaron de las terribles condiciones a las que se expusieron a los prisioneros judíos, polacos no judíos y soldados soviéticos capturados.
Durante el juicio de la mecanógrafa se presentaron varios sobrevivientes del campo Stutthof, quienes narraron cómo los guardias nazis brutalizaron a las decenas de miles de reclusos que albergaban allí. Uno de los sobrevivientes del Holocausto detalló como los prisioneros, hambrientos por las condiciones inhumanas en las que se encontraban, tuvieron que recurrir al canibalismo para poder sobrevivir. A su vez otro más explicaba que los hombres de las SS, se disfrazaban con uniformes de médicos y les disparaban en el cuello a los presos.
