Perder un empleo, buscar estabilidad económica o cumplir un sueño fueron las motivaciones que llevaron a tres mujeres a convertir la Gastronomía en su principal fuente de sustento. En Guayaquil, cada vez más emprendedoras optan por formarse en escuelas culinarias para perfeccionar técnicas y profesionalizar sus negocios en ramas como pastelería, panadería, bufés, parrilladas y comida rápida.
Estas son las historias de tres mujeres que demostraron que con esfuerzo y dedicación la cocina puede convertirse en una oportunidad de crecimiento personal y económico.
“Mi emprendimiento nació en una casa abierta y hoy vendo braunis en restaurantes”
Victoria Quichimbo, de 20 años y originaria de Santo Domingo de los Tsáchilas, decidió mudarse a Guayaquil para estudiar Pastelería en La Escuela de los Chefs. Desde hace tres años impulsa su emprendimiento Sweet Sovima (@sweet_sovima), especializado en postres artesanales.
“Mi primer postre fue un cheesecake de maracuyá y de mora-fresa, y los braunis, que se volvieron los favoritos en el colegio”, recuerda. Tras intentar estudiar Publicidad, comprendió que su verdadera vocación estaba en la repostería.
“Siempre fue mi sueño hacer postres. Como ya tenía mi emprendimiento, decidí profesionalizarme para hacerlo crecer”, cuenta.
Hoy, Victoria distribuye sus braunis en dos restaurantes reconocidos de la ciudad y está en conversaciones con un tercero. “Nuestros braunis se sirven como detalle especial a los cumpleañeros. Es un logro que me impulsa a seguir”, explica. Su postre estrella son los braunis con galleta Oreo, una receta que se ha convertido en su sello personal.
“Emprendí por necesidad, mi empresa cerró y esto fue mi salvavidas”
Martha Isabel Cóndor, de 53 años, vivió un momento difícil cuando la empresa en la que trabajaba cerró y perdió su empleo. Esa situación la llevó a reinventarse. Empezó estudiando Pastelería y luego obtuvo su título de chef en la academia Silvia, con el objetivo de iniciar su propio negocio.
“Tenía miedo porque no tenía dinero para estudiar, pero busqué la manera. Así nació El Buffet de Marthitha”, relata. Su emprendimiento, con más de diez años en el mercado, ofrece bocaditos, piqueos, platos fuertes y servicio de cáterin para eventos sociales y empresariales.
Con esfuerzo y créditos pequeños, Martha adquirió su horno, samovares, vajillas y demás implementos. “Mi familia me ha apoyado siempre. Mi esposo es mi mano derecha y mis hijas me ayudan como meseras”, comenta.
Gracias a su trabajo, logró educar a sus hijos y convertirse en el sostén del hogar. “En diciembre los pedidos se duplican. El año pasado, el 24 terminamos cocinando hasta tarde y cenamos empanadas de verde y jugo. Pero todo valió la pena”, cuenta entre risas.
“Entré a estudiar para mejorar mis tortas de tres leches y venderlas”
A sus 18 años, Italy Pino encontró en la pastelería una forma de ayudar a su familia. Inspirada por su tío, que es chef, decidió emprender con Italu Bakes (@italu.bakes), donde ofrece tortas personalizadas y postres variados.
“Sentía que mis recetas podían mejorar, así que decidí estudiar para tener bases sólidas y mejorar el sabor y la textura de mis postres”, asegura.
Entre sus productos más pedidos están las tortas de tres leches con sabores de maracuyá, mora, frutilla, chocolate y chispas, además de alfajores y galletas decoradas. “El tres leches es versátil; se puede personalizar según el gusto de cada cliente”, explica.
Para la temporada navideña, Italy prepara una línea especial de galletas, guaguas de pan y tortas temáticas que entrega a empresas y familias. “Cada postre lleva dedicación y amor, porque para mí esto no es solo un trabajo, es mi pasión”, afirma.
Estas historias reflejan una tendencia creciente en Guayaquil: mujeres que, ante la adversidad, encontraron en la Gastronomía una oportunidad para salir adelante. Hoy son ejemplo de resiliencia y creatividad, impulsando microemprendimientos que fortalecen la economía local y celebran el sabor ecuatoriano.

