Desde los dos años de edad, una niña recibió un diagnóstico complejo tras una resonancia magnética: atrofia cortical temporal polar bilateral, con predominio izquierdo y extensión frontal parasagital y paramediana. Desde entonces, ha participado activamente en terapias de baile, natación y lenguaje, mostrando buena respuesta. Actualmente, con siete años, toma Concerta desde los seis, asiste a una escuela regular y mantiene un desempeño académico aceptable. Sus padres desean saber si superará sus dificultades en el habla y si podrá desarrollarse como adulta independiente.
El neurólogo pediatra Daniel Cruz Montesinos enfatiza que la resonancia magnética nunca debe interpretarse de manera aislada. Los hallazgos de neuroimagen son complementarios y solo adquieren significado dentro del contexto clínico. La imagen por sí sola no constituye un diagnóstico, sino un posible reflejo de un trastorno del neurodesarrollo específico.
Durante los primeros años, se observaron alteraciones en el desarrollo del lenguaje, tanto en comprensión como en expresión verbal. Estas dificultades iniciales suelen estar acompañadas de problemas más amplios en áreas como la atención, la autorregulación conductual y el aprendizaje. Cruz Montesinos señala que el lenguaje es la puerta de entrada a la cognición; cuando no se desarrolla adecuadamente, se pueden afectar funciones superiores como memoria, atención y pensamiento flexible.
Conforme la niña fue creciendo, también se evidenció inquietud, impulsividad y problemas de concentración. Esto llevó a su neuropediatra a indicar metilfenidato, un psicoestimulante utilizado en casos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El especialista aclara que estos casos rara vez se limitan a un solo problema: es común la coexistencia de múltiples comorbilidades, incluyendo trastorno del desarrollo del lenguaje, déficit de atención e hiperactividad y dificultades específicas de aprendizaje en lectura, escritura y cálculo.
El tratamiento fundamental sigue siendo la intervención terapéutica interdisciplinaria. Entre las principales áreas de trabajo destacan:
- Terapia de lenguaje: fortalece la comunicación y la base del aprendizaje.
- Terapia psicológica: ayuda en la autorregulación emocional y conductual.
- Psicopedagogía: acompaña el rendimiento escolar y consolida funciones cognitivas.
- Terapia ocupacional: brinda apoyo en motricidad y organización sensorial si es necesario.
Cruz Montesinos enfatiza que “la mejor vitamina para el cerebro siguen siendo las terapias”, porque moldean los circuitos cerebrales responsables de atención, memoria y conducta adaptativa.
Si a los siete años el lenguaje aún no está completamente estructurado, se recomienda realizar una evaluación neuropsicológica integral. Esta debe identificar perfiles de inteligencia, funciones ejecutivas, atención, memoria, regulación emocional y conducta adaptativa. El uso de psicoestimulantes es efectivo siempre que se complemente con terapias activas y coherentes en el hogar y la escuela.
En conclusión, la resonancia magnética es una herramienta de apoyo, no una sentencia definitiva. El desarrollo cerebral se analiza mejor considerando la totalidad de síntomas, funciones cognitivas y evolución clínica, más que una sola imagen.

