Durante una visita protocolar del plantel de la Juventus a la Casa Blanca, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, protagonizó un momento incómodo al desviar el foco deportivo hacia temas polémicos, incluyendo la inclusión de mujeres en el equipo y la política internacional.
En medio del recibimiento, Trump sorprendió a los jugadores preguntando si permitirían que una mujer jugara en el equipo masculino. La consulta generó gestos de desconcierto entre los futbolistas, entre ellos Timothy Weah y Weston McKennie, quienes se mostraron incómodos con la intervención. El director deportivo, Damien Comolli, respondió con diplomacia destacando que el club también cuenta con una destacada escuadra femenina.
Trump, además, aprovechó la ocasión para comentar sobre la creciente tensión entre Israel e Irán, insinuando la posibilidad de una escalada bélica. En medio del acto, lanzó preguntas a los jugadores sobre qué postura tendrían ante un conflicto de tal magnitud. Weah describió luego la situación como «extraña», agregando: «Solo quiero concentrarme en el fútbol, no en la política».
Por su parte, McKennie, quien ha expresado en el pasado su descontento con Trump, evitó responder durante el evento. La escena también contó con la presencia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien trató de mantener la neutralidad asegurando que la colaboración con Estados Unidos de cara al Mundial 2026 ha sido «fluida».
El encuentro, que debía ser una celebración deportiva por la participación de la Juventus en el Mundial de Clubes, terminó marcado por un ambiente tenso. Apenas unas horas después, el equipo italiano logró un contundente triunfo 5‑0 ante el Al Ain en su debut.
Trump, que se ha mostrado activo en eventos deportivos desde que dejó el poder, cerró el acto con referencias al trofeo del Mundial y a su implicación con la FIFA. No obstante, sus intervenciones dejaron en evidencia cómo el cruce entre política y deporte puede generar fricciones, incluso en espacios que deberían ser de unidad.

