Amparo Guillén, nacida en Guayaquil en 1953, fue una figura destacada del mundo artístico ecuatoriano, con casi cinco décadas dedicadas a la actuación, el canto y la animación televisiva. Su legado en producciones como Mis adorables entenados y su contribución al teatro y la televisión nacional la convirtieron en un ícono cultural.
Una vida dedicada al arte
Amparo Guillén comenzó su carrera como cantante y actriz, participando en populares programas de televisión como Arriba las mujeres (Sí TV), Despiértese con nosotros (TC Televisión) y Rojo rosa. Sin embargo, su salto a la fama llegó con su papel como Lupita en la exitosa serie Mis adorables entenados, donde interpretó a la mamá adoptiva de la familia protagonista, un rol que marcó profundamente su carrera.
De Lupita, Guillén afirmó en una entrevista: “Ella se arraigó en mí. Representa a millones de mujeres en el mundo que crían hijos por amor, aunque no siempre sean buenas madres”.
Además de su carrera en televisión, Guillén fue una apasionada del teatro. Participó en producciones como Vaselina y Latinos con la compañía Danzas Jazz, y retomó el escenario con Mis adorables entenados, el reencuentro, recorriendo Ecuador y llevando la obra a ciudades internacionales como Nueva York, Nueva Jersey y Miami. Su última participación en teatro fue en 2019 con la comedia Madrastra solo hay una.
Reconocimientos y desafíos
Amparo Guillén recibió importantes reconocimientos durante su trayectoria, como el premio Matilde Hidalgo de Procel al mérito cultural en 2018, otorgado por la Asamblea Nacional, y un homenaje por sus 42 años de contribuciones al arte ecuatoriano. Sin embargo, también enfrentó dificultades económicas en sus últimos años. En 2022, confesó atravesar una grave crisis financiera debido a problemas de salud, como diabetes tipo 2 y neuropatía, y un periodo prolongado sin empleo.
En una entrevista, expresó un deseo conmovedor: “Quiero que se cree una ciudadela para los artistas mayores, un lugar donde podamos vivir y morir con dignidad”.
Una lucha personal contra el alcoholismo
Más allá de su carrera artística, Guillén dedicó parte de su vida a combatir el alcoholismo, una lucha que enfrentó desde los 23 años. Superó esta enfermedad de manera autónoma y fundó la organización Amparo número 4112, que trabajaba en la rehabilitación de personas con adicciones. Aunque cerró su clínica tras 13 años de operación, nunca abandonó su compromiso con quienes necesitaban apoyo, brindando terapias en otras instituciones.
La experiencia con su propio hijo Roberto fue el catalizador que la ayudó a salir del alcoholismo. “Me acosté junto a él, se despertó y me dijo: ‘Apestas, mami’. Dos meses después encontré la salida, y fue Dios quien me sacó de esto”, compartió en una entrevista.
Un legado eterno
Amparo Guillén dejó una huella imborrable en el corazón de Ecuador. Sus compañeros de La Mueca, como David Reinoso y Fernando Villarroel, siempre destacaron su pasión por la actuación y su insistencia en la formación profesional de los actores. Para Guillén, la clave estaba en respetar al público: “El público no es tonto, es quien nos sube o nos tumba”.
Aunque sus últimos años estuvieron marcados por adversidades, Guillén se mantuvo fiel a su amor por el arte y a su deseo de inspirar a las nuevas generaciones. Su vida y obra siguen siendo un testimonio de resiliencia, talento y compromiso.

