El glaciar del Antisana, ubicado cerca de Quito, no solo es una importante fuente de agua para la capital ecuatoriana a través de la laguna La Mica, sino que también enfrenta una creciente amenaza de contaminación por microplásticos. Investigadores de la Universidad Regional Amazónica Ikiam advierten sobre las posibles consecuencias de esta contaminación para la salud y el medio ambiente. Los microplásticos, diminutas partículas de plástico que miden menos de 5 milímetros, son transportados a través de la atmósfera y terminan depositándose en los glaciares, como el del Antisana.
Según Bryan Valencia, docente de Ikiam y experto en el tema, los microplásticos pueden ser arrastrados por el viento desde grandes distancias. Estos fragmentos provienen de diversos productos, como ropa sintética y botellas plásticas, que con el tiempo se degradan. «Los microplásticos que llegan al Antisana probablemente viajan por encima del Atlántico, la Amazonía, y eventualmente se depositan en el volcán», explicó Valencia. La contaminación, aunque global, también está influenciada por la cercanía de Quito, que genera desechos plásticos que se descomponen en microplásticos que se trasladan hacia el glaciar.
El estudio de los microplásticos en el Antisana comenzó con una salida de campo organizada por Ikiam, donde la investigadora Mariana Caparelli encontró microplásticos en muestras de hielo del glaciar. Aunque la presencia de microplásticos no es exclusiva de este glaciar, el impacto podría ser grave para los glaciares ecuatorianos y para los ecosistemas que dependen de ellos.
¿Cuántos microplásticos se depositan en el hielo cada año?
Una de las principales incógnitas que la comunidad científica aún no ha resuelto es la velocidad con la que los microplásticos se acumulan en las capas de hielo. Para abordar esta pregunta, Julieth Chancay, ingeniera en Geociencias y graduada de Ikiam, analizó un núcleo de hielo de 8 metros de profundidad extraído a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar en el Antisana. Este núcleo representa un año hidrológico y proporcionó valiosa información sobre la concentración de microplásticos.
Chancay descubrió que, al inicio del año hidrológico, el hielo contenía 36 partículas de microplástico, mientras que al final del año esa cifra aumentó a 83, lo que implica un incremento del 60 %. «Por cada centímetro de hielo, los microplásticos aumentaron en un 5,84 %», destacó Chancay. El análisis reveló dos tipos principales de microplásticos en el glaciar: fragmentos, que provienen de la degradación de productos plásticos como bolsas y botellas, y fibras, que se desprenden principalmente de ropa sintética.
La Persistente Amenaza del Plástico en el Medio Ambiente
La investigación también señala que el proceso de degradación y transporte de los microplásticos puede tomar años. Esto sugiere que la contaminación de los glaciares podría continuar aumentando en el futuro, ya que el uso de plásticos sigue en ascenso a nivel mundial y muchos de estos plásticos aún no se han descompuesto completamente. Según Chancay, los microplásticos que actualmente se observan no provienen únicamente de los plásticos consumidos en la actualidad, sino de basura generada hace décadas.
El impacto de los microplásticos no solo es ambiental, sino que también plantea riesgos para la salud humana. Las partículas de plástico que se acumulan en los glaciares pueden ingresar a los cuerpos humanos a través del agua y los alimentos. Estas partículas ya se encuentran en la sangre, la leche materna y otros tejidos, lo que podría tener efectos negativos, como problemas pulmonares y un aumento en las tasas de cáncer. Chancay agregó que «recién estamos analizando el impacto de los microplásticos en la salud humana».
Para determinar con precisión la velocidad de la contaminación, los científicos necesitan obtener muestras de mayor profundidad en los glaciares y realizar análisis a lo largo de varios años. Esto les permitiría hacer proyecciones a largo plazo sobre cómo la contaminación podría evolucionar y, de ser necesario, tomar medidas preventivas.
