El huracán Óscar tocó tierra este domingo en el este de Cuba, en un contexto de crisis energética severa que ha dejado a gran parte del país en un apagón casi total durante tres noches. El fenómeno meteorológico impactó la provincia de Guantánamo, cerca de la ciudad de Baracoa, alrededor de las 17:50 horas locales, con vientos sostenidos que alcanzan los 130 kilómetros por hora, según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.
Antes del impacto, la estación meteorológica de Punta Maisí, también en Guantánamo, había registrado vientos de hasta 80 km/h, con ráfagas que llegaron a 116 km/h. Este evento se suma a una crisis eléctrica que comenzó el viernes, cuando la central termoeléctrica Antonio, la más importante de la isla, sufrió una falla que provocó la caída del sistema nacional de electricidad.
El gobierno cubano había anunciado la intención de restablecer el servicio para la mayoría de la población el lunes por la noche. Sin embargo, tras el anuncio, se produjo una nueva desconexión, lo que afectó los esfuerzos para restablecer el suministro a más de 200,000 personas en La Habana. El ministerio de Energía y Minas de Cuba confirmó la interrupción, indicando que las labores para reanudar el servicio estaban en marcha.
El ministro Vicente de la O Levy había declarado previamente que el restablecimiento del servicio podría ocurrir entre el lunes y el martes, aunque se anticipaban complicaciones debido a los fuertes vientos generados por el huracán.
El presidente Miguel Díaz-Canel informó que se estaba trabajando intensamente para proteger a la población y los recursos económicos ante la inminencia del huracán, enfatizando la atención a la crisis energética de la isla.
Las autoridades han suspendido clases y actividades laborales no esenciales hasta el miércoles, permitiendo solo la operación de hospitales y servicios vitales. La situación se ha vuelto insostenible para muchos cubanos, quienes expresan su frustración y angustia. Yaima Valladares, una bailarina de 28 años, compartió que la crisis eléctrica complica la vida cotidiana. Isabel Rodríguez, de 72 años, se quejaba de la imposibilidad de dormir sin electricidad, mientras que Adismary Cuza, trabajadora privada de 56 años, expresó su desesperación por la comida que podría echarse a perder.
La crisis eléctrica en Cuba ha sido agravada por la dificultad de adquirir combustible necesario para el sistema eléctrico, situación que se debe en parte al embargo que Estados Unidos impone desde 1962. En las últimas semanas, la población ha experimentado apagones de hasta 20 horas diarias, lo que ha generado un descontento generalizado.
Los cubanos han sufrido apagones prolongados durante tres meses, con un déficit de cobertura que ha llegado hasta el 50%. El sistema eléctrico de la isla, que depende de ocho termoeléctricas envejecidas, enfrenta constantes averías y mantenimientos. Con una infraestructura desgastada, la generación de electricidad se ha vuelto cada vez más problemática.
En medio de esta crisis, Cuba se enfrenta a su peor situación económica en tres décadas, con escasez de alimentos y medicinas, una inflación disparada y apagones crónicos que limitan la actividad económica. La falta de electricidad fue uno de los factores que provocó las masivas manifestaciones del 11 de julio de 2021, reflejando el creciente descontento social ante la situación actual.

